Como
si se tratara de un guión de una película de zombies de las de serie B, así
empieza nuestra crónica. Unos jóvenes celebrando una fiesta, están muy
animados, llevan algunas copas encima, o mejor dicho unos cócteles, unos
ricos
Daikiris de Maracuyá, y sin preámbulo alguno, interrumpe en sus
cruzadas conversaciones una trama de terror sobre unos zombies
hambrientos de sangre humana.